La casita de Bad Bunny y la visita del Papa, realidades cuyos mensajes son bastante diferentes, se han convertido en este 2026 en los dos grandes acontecimientos que han sucedido en este país.
No se me ha ocurrido mejor título para el artículo que el que he suscrito arriba, en 2014 empecé a escribir un libro “ Más allá del whatsapp”, libro que más o menos interesante, reflejaba el incipiente inicio y explosión de las redes sociales, me vino la idea de que el uso que íbamos a hacer de las mismas nos iba a llevar, en no pocos años, como está sucediendo, a bajar a los monos de los árboles, para volver a situarnos nosotros en los mismos, o llevado a términos de la realidad, pelearnos ,no por los árboles ,sino en este caso por una casita, eso si, no una en el Congo donde hay Ébola, sino la de Bad Bunny.
La casita de Bad Bunny de pretendido homenaje a la machirulidad extrema, el Alfa rodeado de sus hembras.
Mal ha salido la cosa y la verdad es que no pinta demasiado bien, pero pese a todo y sin entrar en más detalles, no voy a hablar de cantantes, voy a hablar de productos, el producto está sacado en el momento adecuado para la sociedad adecuada.
Perdidos en el absoluto olvido y defenestrados como arcaicos, los valores del respeto hacia la feminidad, hacia la mujer y lo que ello comporta, era el momento adecuado de lanzar a la sociedad este tipo de producto.
Si atendiéramos a los valores morales de Kolberg, nos encontraríamos ante una sociedad que vaga entre el nivel preconvencional y el nivel convencional, es decir entre llegar a distinguir lo que está bien de lo que está mal y básicamente aceptar como bueno todo aquello que se vende.
Evidentemente la casita de Bad Bunny en este sentido representa perfectamente ese estadio a caballo entre el nivel preconvencional propio de niños y el nivel convencional en el que se sitúa la adolescencia y premadurez.
Tampoco seamos malos, estamos en una sociedad adormecida, adoctrinada a través del abuso de las redes sociales, en la que la música ha dejado de ser el vínculo crítico y revolucionario, para pasar, como queda patente en bastantes de las letras de las canciones del cantante, a ser un mero instrumento de conexión más sexual e instintual que de cualquier otro tipo de emoción, no digamos ya de valor…
La casita de Bad Bunny representa fielmente esta realidad, casita plagada de estándares altos, poca ropa y menos «seny» , discursos incoherentes y un largo desfile de humildad por los 4 costados.. Uno de los mejores ejemplos a seguir para rebajar las enfermedades de trasmisión sexual así como las patologías mentales.
En este sentido Bad Bunny y la casita de Bad Bunny, son una de las mejores estrategias de marketing y productos creados en el siglo actual, pagar precios bastante desorbitados para estar como una sardina en su lata, pagar el precios exageradamente elevados para escuchar que lo mejor que te puede pasar en la vida es que te den por delante y por detrás, elevando así a la mujer y empoderándola desde uno de los “valores” más maravillosos y productivos que hay, el sexo ¿o no?. Ahí dejo la pregunta.
La casita de Bad Bunny: Mis conclusiones a nivel psicológico.
Llegados a este punto y por no alargar más algo que ya está más que consabido, bajo mi punto de vista se desprenden distintas reflexiones que podríamos realizar.
La primera reflexión que se me ocurre al respecto es bastante clara, las canciones, pero sobre todo los mensajes que se dan en ellas para los adolescentes, masivo público que yo he visto en los conciertos, son interiorizadas a nivel cerebral y elevadas casi a normas de vida, ojo que en la adolescencia y temprana «madurez» los contenidos son reveladores y se incardinan en una sociedad, ya per se, muy coja en valores.
“Estudios basados en el Análisis Crítico del Discurso (ACD) aplicados a la música urbana (como los publicados en la revista Comunicación y Género) advierten que la repetición constante de estas líricas puede provocar una desensibilización en los jóvenes.
Esto perpetúa esquemas cognitivos donde las relaciones afectivas se asocian a dinámicas de poder, posesión o mera gratificación física efímera, dificultando el desarrollo de la empatía relacional.” 1
Por tanto una primera reflexión que se me antoja, es hasta qué punto es ese concepto el que queremos tener de mujer en la sociedad actual. ¿Es ese el trato adecuado para la mujer? ¿Hemos de normalizarlo?
La segunda es si lo unico que se promulga es el sexo, el instinto, lo institual,¿ donde queda lo moral? ¿lo ético? ¿los valores? o ¿son estos los nuevos “valores” , ¿son las nuevas aspiraciones de las generaciones más jóvenes?
La última y tal vez la más importante, de estos barros van a llegar lodos muy importantes. El impacto a muy poco tiempo en la salud psicológica y física va a ser considerable, un estilo de vida que propugna modos de relacionarse peligrosos y tóxicos a nivel psicosexual, ni va a traer nada bueno ni se le espera.
En resumen la casita de Bad Bunny, me da la sensación que está haciendo buena aquella frase de mi último libro, «bajaremos a los monos para volver a subir a los árboles» , ¿o no?. Ahí lo dejo.
1 . https://revistas.ucm.es/index.php/CGEN
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