La dictadura del bienestar versus el natural derecho a estar naturalmente jodido.

La dictadura del bienestar

 La dictadura del bienestar, la gran joya de la corona, el gran objetivo de todos y cada uno de los individuos en esta sociedad en la que la tolerancia al malestar se ha convertido en algo prácticamente inexistente.

Hemos pasado de una sociedad en cierta medida dirigida desde esa tolerancia al malestar y como un valor a la hora de superar dificultades en la vida a una sociedad en la que el malestar es concebido como el gran demonio occidental, la dictadura del bienestar es ahora mismo el paradigma bajo el cual de desarrollarse y por supuesto vivir subyugado o esclavizado al mismo.

Del aprendizaje de la chancla voladora, el escobazo más que merecido y esas maneras clásicas de crear una buena tolerancia al malestar, se ha pasado a esa nueva dictadura, nuevas normas morales para una sociedad que flaquea mucho en este aspecto o bien que directamente ni siquiera las tiene. Bienvenida la dictadura del bienestar, en la que estar jodido es sinónimo de descarte e invalidación.

La dictadura del bienestar como nuevo paradigma en todos los ámbitos de la vida.

 De tal manera se ha internalizado el fenómeno que nos hemos cansado de hablar de generaciones de cristal, de no hacer esos cinco minutitos más que suele ser media horita o una más que te pide el jefe porque no está puesto en el contrato… no sea que se vaya a ver afectada a mi salud mental…

 No se trata de que yo sea un amante del viejo estilo, pero sí que es total y absolutamente cierto que por ejemplo cuando el árbol crecía tuerto, un simple zapatillazo a tiempo podría ahorrarte muchas terapias psicológicas posteriores.

 Aquí voy a ser, probablemente psicológicamente incorrecto, he visto tantas veces en la consulta aquí en Gandía ponerles el GPS a los menores para saber cada segundo del día donde se encuentran si están bien o mal y bajo mi punto de vista con ello obtener dos consecuencias a cual más lamentable.

La primera de ellas la falta total y absoluta de autonomía de los menores que entran en una hipervigilancia constante en una suerte de Gran Hermano con consecuencias negativas si se les descubre sus errores, errores que por otra parte son naturales al ser humano y necesarios para su evolución.

 El otro gran problema que surge es que aparte de la ansiedad que se le genera al menor por estar hiperpervigilado, el adulto llega a desarrollar tanto a más ansiedad que este debido a la labor de vigilancia continua.

El mundo de la pareja. Si no estás bien fuera. La intolerancia al sacrificio

Otro ejemplo que podemos poner es el de las relaciones de pareja, es decir ahora para tener pareja se ha de cumplir toda una serie de criterios espartanos en los cuales la dictadura del bienestar se convierte en el valor rector.

 Es decir da igual que usted tenga 20 que 30 titulaciones académicas o que sea una eminencia en lo suyo, si usted no va al gimnasio, si usted no se cuida y en extremo, se le va a hacer muchísimo más difícil que le dirija la palabra siquiera alguien. y puede ser que lo haya exagerado un poquito pero al menos da para reflexionar.

En este plano también nos venimos dando cuenta, al menos eso es lo que yo veo en consulta, que evidentemente cada vez es más complicado estar triste y jodido, es decir estar triste y jodido cada vez va a salir más caro, no porque vayas a ir al psicólogo si no porque parece que la tristeza  sea sinónimo de patología. hemos llegado a patologizar cosas que no se deberían haber patologizado y viceversa. 

La cosa es bastante sencilla de explicar, en una sociedad en la que la vida se rige en un 99,99% de los casos por la actividad más o menos recurrente y persistente en las redes sociales, podemos observar que es más cómodo cambiar la carta que tener que ir reparándola, reparar requiere sacrificio.

¿Qué dice la dictadura del bienestar?

 Algo bien sencillo claro y contundente, como cualquier objeto tecnológico de los miles que tenemos día a día en frente de los morros,  la pareja tiene también obsolescencia programada,  antes que gastarme dinero  o esfuerzo y sacrificio en reparar o reconstruir una relación es mejor cambiar de cromo ya que tengo infinidad de Barajas en la mano cada día.

Otro gran pilar de la vida humana : el mundo laboral.

A nivel laboral pues en fin qué vamos a decir, cuando entramos en territorio de bajas laborales pues nos damos cuenta de lo amorosa que es la compañía de seguros, que nos llama 27 millones de veces para ver si ya estamos bien, parece ser que la dictadura del bienestar no da tregua tampoco en este ámbito. 

 Es decir, habiendo una cantidad de mano de obra tan accesible, se opta más por la sustitución de la persona con un malestar que esperar a que se recupere y volverá disfrutar del activo de su experiencia en la empresa.

El derecho a estar jodido como fuente de superación y aprendizaje.

 Pues bien nos estamos equivocando de todas todas, en esta sociedad, en la sociedad de la dictadura del bienestar se está consiguiendo el fenómeno totalmente opuesto y paradójico, a más intento de estar perfectamente más cantidad de patologías.

 La gente pensará que esto es muy extraño, nada más lejos de la realidad, estamos negando nuestra naturaleza de ser seres en los que el malestar y la tolerancia al mismo es fuente de aprendizaje, superación y crecimiento personal.

En resumen:

  • Sigamos viendo solo como parejas  elegibles aquellas personas con doctrinas espartanas en el gimnasio, sigamos viendo solo como elegibles aquellas personas cuya cáscara es fuente de elogios y likes en redes sociales.
  •  Sigamos viviendo desde la dictadura del bienestar y dejando de valorar a aquellas personas que tienen experiencia en pro de personas con aspecto hipersaludable que den imagen de inquebrantabilidad a todos los niveles
  •  Sigamos sabiendo en todo momento a cada minuto de nuestras vidas donde se encuentran nuestros hijos y colocándose una monitorización extrema para que nos acerquemos a una velocidad extrema hacia nuestro propio secuestro emocional.
  • sigamos, señores y señoras, viviendo desde la dictadura del bienestar, preguntándonos quién es ese chico tan maravilloso o esa chica tan encantadora que va al gimnasio  desde hace cinco años y aún no sé la voz que tiene porque no se ha quitado nunca los cascos de las orejas,  

Sigamos controlando a nuestros hijos llamándoles cada cierto tiempo preguntándoles dónde están, mirando a todas horas la ubicación en el maravilloso teléfono móvil y aumentando nuestra ansiedad hasta llegar al vasito con el lexatin.

En resumidas cuentas vivamos desde la dictadura del bienestar y engrandezcamos las arcas de las farmacéuticas que se frotan las manos cada día con mayor y mayor intensidad y por supuesto con menor preocupación.

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Vicente Femenía Lloret
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