La evitación experiencial. Huir de tus sentimientos te puede amargar la vida.

La evitación experiencial es toda aquella conducta ya sea mental, como pensamientos y recuerdo, como también conductual es decir huir de un espacio determinado que nos provoca un tipo de malestar.

Imaginemos por un momento que llegamos a la casa entramos en nuestra cocina y nos encontramos con un león terriblemente enfurecido, evidentemente en la vida real la habitación experiencial no os puede llegar a salvar la vida en un momento determinado terminado.

Ahora bien ¿qué sucede cuando ese León, ese monstruo de la naturaleza se presenta en nuestra mente día a día?  Aquí entramos en el espinoso territorio de los pensamientos, recuerdos y emociones que evoca nuestro cerebro. 

¿Al igual que en la realidad debemos huir de estos pensamientos, de estos recuerdos que nos atormentan y que rumiamos sin parar cada vez que nuestra mente entra en una situación crítica y aparecen?.La respuesta clara es no  y además no debemos huir de estar experiencia, es decir no debemos caer en la evitación experiencial.

 La evitación experiencial: la trampa de una mente en estado de alarma

Para entenderlo fácilmente veamos el ejemplo habitual de la ansiedad, o cuando una persona entra en un estado ansioso, la mayoría de personas recurre a respuestas poco adaptativas ante la ansiedad, como puede ser comer en exceso, dormir en exceso , o incluso en la mayoría de ocasiones caer en la evitación experiencial, es decir huir rápidamente de aquello que nos está generando la  ansiedad.

Caemos en la gran trampa en la que nos introduce la evitación experiencial, evitar aquello que nos produce malestar manda una clara señal al cerebro que va a reforzar este circuito de alarma para las próximas ocasiones en las que se presente el mismo estilo. Podríamos denominar a este fenómeno como el efecto bola de nieve, es decir cuanto más intento huir de la ansiedad más ansiedad siento en las próximas ocasiones.

En mi consulta de Gandía vengo percibiendo con los años como la gente en su mayor medida huye tanto de la ansiedad como del miedo, es decir, informan al cerebro de que esas respuestas de ansiedad y miedo son adecuadas ante el evento que se les presenta.

 Imaginemos por ejemplo una persona que tiene mucho miedo de hablar en público, al entrar en la evitación experiencial, refuerza el mecanismo natural por el que el cerebro nos presenta esta situación como amenazante, para el cerebro exponerse a un gran número de personas es una situación de amenaza, si la persona que tiene que dar la conferencia cede a este control emocional será incapaz de hacerlo, es decir caer en la evitación experiencial refuerza las primitivas emociones de miedo y ansiedad.

 En psicología está más que demostrado ya que evitar aquello que nos estresa o molesta produce el fenómeno paradójico totalmente contrario es decir reforzamos el circuito de miedo ansiedad y huida o evitación experiencial.

Entonces, si no se trata de huir de aquello que nos produce un malestar significativo ni evidentemente se trata de negar esas emociones incómodas. ¿ Cómo podemos gestionar esa evitación experiencial?

 Personalmente como he comentado anteriormente, en mi consulta en Gandía, he visto a muchos pacientes que vienen de otros profesionales que han empleado otras técnicas a la hora de gestionar la evitación experiencial.

 A nivel personal utilizo muchísimo la terapia de aceptación y compromiso, en la cual como hemos visto en otras ocasiones y artículos, la aceptación es una de las claves a la hora de gestionar adecuadamente nuestras emociones más incómodas.

La aceptación sin apego como base de la buena gestión de la evitación experiencial

La manera más efectiva de no caer en la huida de aquello que nos incomoda es practicar la aceptación tal y como se presenta en la terapia de aceptación y compromiso, terapia de tercera generación que es una de las que más utilizo en consulta.

 De esta manera pasaremos a evitar, valga la redundancia, la  evitación experiencial, aceptar aquello que nos incomoda y a pesar de ello seguir andando y dirigiéndonos hacia nuestros objetivos qué es lo que realmente nos importa en la vida.

Para ello evidentemente necesitamos  defusionarnos cognitivamente, qué es sencillamente separarnos de aquellos pensamientos negativos y no caer en esa trampa mental en la que la primera idea que se nos viene a la mente normalmente no suele ser la más adaptativa o evolutiva.

En palabras más  sencillas, sería aceptar que en nuestra vida siempre va a haber algún tipo de malestar y no por ello tenemos que caer en la evitación experiencial, es decir evitar ese malestar no lo elimina sino más bien hace que nos someta.

 Como le digo a mis pacientes en consulta se trata de saber dónde poner el malestar y sobre todo qué relación vamos a mantener con él, con el ejemplo más clásico de la ansiedad lo que se observa y trabajo mucho en consulta, es el hecho de observar la ansiedad sin juzgarla, aceptar que tengo esas sintomatologías asociadas, no evitarlas sino gestionarlas a través de la difusión. 

Es decir para entenderlo fácilmente sería gestionar la somatizaciones o síntomas de la ansiedad no desde la lucha contra ellos, sino desde la aceptación guiada por nuestros valores y conducida desde una buena defusión cognitiva.

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Vicente Femenía Lloret
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