La ventana de tolerancia para entendernos , es aquella zona en la que las personas nos sentimos cómodas y a gusto tanto a nivel cognitivo fisiológico como emocional. Un buen símil o analogía podría ser que la ventana de tolerancia viene a ser como esa casa formada por planta baja primer piso ático y un sótano.
Si para comprenderlo utilizamos este símil o analogía, podríamos decir que donde se desarrolla la vida familiar, la vida sana, sin demasiados malestares o inconvenientes, vendría a ser como esa planta baja en donde todos nos unimos para comer, cenar, desayunar, así como también comentar todas esas cosas que nos van sucediendo día a día y que conforman las relaciones familiares.
Al subir al primer piso vemos que ya no separamos un poco de esa dinámica sana, comenzando a entrar en una zona relativamente solitaria, en ese primer piso en el que cada miembro de la familia normalmente se encierra en su propia habitación a chatear, trabajar online, conocer gente, en resumen evadirse de esa primera relación que se tenía en la planta baja.
Esta planta que queda encima es el ático, podríamos ya definirla como una zona de alto riesgo, una zona a la que ascendemos esporádicamente pero en la que aflora un gran malestar, estancia como vemos en la foto en la que todo está bastante abandonado e impera el caos y el desorden.
Por último nos encontramos con el sótano, donde ya la oscuridad es máxima y bajamos hacia nuestras peores experiencias en la casa, oscuridad absoluta y sensación de abandono total.
La ventana de tolerancia y la mente, una analogía muy interesante.
Pues bien llegados a este punto, hemos imaginar que nuestra casa es nuestra mente, vivimos relativamente poco en esa primera planta, nos centramos gran parte de tiempo de nuestra vida en vivir en la zona peligrosa de la ventana de tolerancia,
Es decir, dedicamos muchísima parte del día a revisar patológicamente, una y otra vez, una y otra vez, como perros condicionados al igual que en el experimento de Pavlov, de este modo pasamos gran cantidad de nuestra vida en la zona riesgosa de la ventana de tolerancia.
A medida que pasan los días nos damos cuenta de que en más de una ocasión,También solemos subir al ático, es decir a medida que vamos utilizando cada vez más de manera patológica las redes sociales, subimos al último piso de la ventana de tolerancia es decir al ático donde el peligro es ya total.
Aquí entramos ya en la zona en que la ansiedad y los trastornos del estado de ánimo caracterizados por la hiperactivación son habituales, es la zona en la que vivimos nuestra vida en función de lo que las redes nos dictan, desde la ansiedad, la autoexigencia extrema, y el sentido de yo elevado al máximo exponente casi en una suerte de narcisismo inevitable.
El descenso a los infiernos de la ventana de tolerancia.
Llega un momento en que nuestra vida transcurre entre ese primer piso en el que teníamos seguimos teniendo una cierta relación con todas aquellas personas que nos rodean, pero teniendo clara la adicción a pasar mucho tiempo en el primer piso, es decir, llega un momento en el que la adicción a las redes sea consolidado y nuestra vida transcurre en ese primer piso en el que todo es o aparenta ser cómodo, se nos valida constantemente y solo de vez en cuando subimos al ático.
Pero claro, el tiempo en su justo devenir, sigue su camino, llega otro momento pues en el que ya no nos sirve estar en ese primer piso, como el adicto a la sustancias, necesitamos más validación, más redes sociales, cada vez acudimos más al ático donde se concentra la mayor cantidad de desastre, desorden, caos, ansiedad y frustración como grandes invitados de la estancia.
Triste y lamentablemente llegar llega, a la ventana de tolerancia, el momento más amargo, en el que caemos directamente al sótano de la casa.
En el sótano reina la tristeza, la amargura, el eterno sentimiento de soledad ( aunque se viva plagado de likes y validaciones externas), las ideas autolíticas y toda una serie de compañeros tanto de las redes sociales como de la sintomatología más pura y dura depresiva.
Conclusiones de las bondades del uso de las redes sociales y la ventana de tolerancia.
Evidentemente si tomamos esta analogía que acabamos de ver tanto narrada como en la propia imagen nos percatamos que gran parte de la vida la pasamos en entornos virtuales.
Entornos virtuales que se caracterizan y provocan una autoexigencia total y absolutamente desmedida en los individuos, unas comparaciones, total y absolutamente absurdas, que conducen directamente a desarrollar la vida en el ático, el segundo piso y el sótano de la ventana de tolerancia.
De este modo, cada vez más abandonamos a través de distintos comportamientos patológicos, como puede ser el ghosting, nuestras relaciones más sanas en pro de otras que probablemente contribuyan a patologizar nuestra vida.
Ya hace demasiados años que hemos dejado entrar en nuestras casas, en nuestra ventana de tolerancia al peor de los invitados, además le hemos dado un lugar privilegiado en nuestras vidas campando a sus anchas y llevándonos de la mano por las distintas estancias de la casa con tal de que no estemos demasiado tiempo en esa primera planta en la que se encuentran los valores, la coherencia, el hábito y la costumbre que al final generan tipos de personalidades adaptativos o al menos no patológicos, como lo que probablemente nos espere y nos vamos a encontrar en muy pocos años.
